Estados Unidos ha llevado a cabo, desde el 2 de septiembre y hasta el último día de 2025, una serie de ataques letales contra embarcaciones en aguas internacionales del mar Caribe y del océano Pacífico oriental, en el marco de una campaña que Washington presenta como una ofensiva contra el narcotráfico y el “narcoterrorismo”. De acuerdo con datos del Comando Sur y autoridades estadounidenses, al menos 110 personas han muerto en 28 ataques que han destruido 34 botes, sin que se hayan presentado pruebas públicas que respalden las afirmaciones de que todos los objetivos estaban vinculados al tráfico de drogas o a organizaciones terroristas, ni mediado procedimientos judiciales o una declaración formal de guerra del Congreso de Estados Unidos.
La operación se desarrolla en medio de un aumento de las tensiones entre el Gobierno de Donald Trump y los gobiernos de Venezuela y Colombia. Washington sostiene que se trata de una misión para combatir a los cárteles de la droga, mientras que el Gobierno de Venezuela acusa a Estados Unidos de buscar un cambio de régimen y de llevar a cabo “ejecuciones seriales” y “una guerra no declarada”. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha cuestionado públicamente los ataques, denunciando la muerte de al menos un ciudadano colombiano en una de estas operaciones.
La campaña comenzó el 2 de septiembre con un primer ataque de Estados Unidos contra una embarcación en el Caribe. El presidente Donald Trump anunció entonces en sus redes sociales que, bajo sus órdenes, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos “realizaron un ataque militar contra narcoterroristas del Tren de Aragua identificados en el área de responsabilidad del Comando Sur”. Trump describió al Tren de Aragua como “una organización terrorista extranjera designada por el Departamento de Estado, que opera bajo el control de Nicolás Maduro y es responsable de homicidios masivos, narcotráfico, trata de personas y actos de violencia y terror en Estados Unidos y el hemisferio occidental”. El mandatario añadió: “Que esto sirva de advertencia para cualquiera que piense en traer drogas a Estados Unidos. ¡CUIDADO!”. Según CNN, funcionarios del Departamento de Defensa no presentaron pruebas concluyentes de que los objetivos del primer ataque fueran miembros del Tren de Aragua ni pudieron determinar con exactitud el rumbo de la embarcación. Once personas murieron en este primer ataque.
Menos de dos semanas después, el 15 de septiembre, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos llevaron a cabo un segundo ataque contra una embarcación en aguas internacionales, en el que murieron tres personas. Trump afirmó que el barco presuntamente “transportaba narcóticos ilegales” desde Venezuela y señaló que “estos cárteles del narcotráfico extremadamente violentos REPRESENTAN UNA AMENAZA para la Seguridad Nacional, la Política Exterior e intereses vitales de EE.UU.”. Este ataque se produjo en un contexto de crecientes tensiones y tras el despliegue de activos militares estadounidenses en la región. En ese momento, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el secretario de Estado, Marco Rubio, anticiparon que habría más actividad en el Caribe porque, según dijeron, Estados Unidos “va a combatir a los cárteles de la droga que están inundando las calles estadounidenses”.
El 19 de septiembre, Trump anunció un tercer ataque letal contra una presunta embarcación de narcotráfico que, según indicó, estaba afiliada a una organización terrorista designada. En una publicación en Truth Social, el presidente sostuvo: “La inteligencia confirmó que la embarcación traficaba narcóticos ilícitos y transitaba por una ruta conocida de narcotráfico en camino a envenenar a los estadounidenses”, acompañando el mensaje con un video de la operación. Tres personas murieron en este ataque.
El 3 de octubre, el secretario de Defensa Pete Hegseth informó de un cuarto ataque en el que murieron cuatro personas. Según su publicación en redes sociales, la operación tuvo lugar en aguas internacionales, justo frente a la costa de Venezuela. Hegseth no especificó con qué presunta organización terrorista estaba vinculada la embarcación, pero aseguró que “nuestra inteligencia, sin lugar a dudas, confirmó que esta embarcación traficaba narcóticos, las personas a bordo eran narcoterroristas y operaban en una ruta de tránsito de narcotráfico conocida”.
El 14 de octubre se registró el quinto ataque de Estados Unidos contra una embarcación frente a la costa de Venezuela, con un saldo de seis muertos. Trump afirmó nuevamente que la embarcación estaba “afiliada a una organización terrorista designada”, sin nombrar a ninguna organización concreta ni presentar pruebas que respaldaran esa afirmación. Para entonces, el total de fallecidos en los ataques ascendía a 27 personas, y Washington defendía públicamente cada una de las operaciones. En una carta al Congreso a principios de octubre, el Pentágono señaló que Trump había determinado que Estados Unidos se encuentra en un “conflicto armado” con los cárteles de la droga designados como organizaciones terroristas, y que los traficantes de esos cárteles son considerados “combatientes ilegales”. Esta postura generó inquietud incluso entre algunos sectores conservadores, en un contexto en el que, según CNN, al menos una embarcación atacada habría dado la vuelta antes de ser alcanzada, lo que indicaría que no representaba una amenaza inminente para Estados Unidos ni para sus fuerzas.
El 16 de octubre, Estados Unidos ejecutó un sexto ataque contra una embarcación en el Caribe, en lo que habría sido la primera operación en la que no murieron todos los tripulantes. Dos sobrevivientes, originarios de Ecuador y Colombia, fueron enviados a sus países. Trump aseguró en Truth Social: “Al menos 25.000 estadounidenses morirían si permitiera que este submarino llegara a tierra. Los dos terroristas sobrevivientes serán devueltos a sus países de origen, Ecuador y Colombia, para su detención y enjuiciamiento”. En Colombia, el ministro del Interior, Armando Benedetti, identificó en X a Jeison Obando Pérez, de 34 años, como el sobreviviente repatriado, señalando que llegó “con trauma cerebral, sedado, drogado, respirando con un ventilador” y que había recibido atención médica. En Ecuador, la Policía Nacional identificó al otro sobreviviente como Andrés Fernando Tufiño Chila, de 41 años. La Fiscalía General de Ecuador informó que no existe información de que Tufiño Chila haya cometido un delito en territorio ecuatoriano. Sin embargo, documentos judiciales de Estados Unidos indicaron que fue arrestado, condenado y encarcelado en 2020 por contrabando de drogas en la costa de México antes de ser deportado. Una hermana de Tufiño Chila, que pidió mantener el anonimato por motivos de seguridad, declaró a CNN desde un pequeño pueblo cercano a Guayaquil: “No, no… Él no es. Él no es un criminal”.
El 17 de octubre, dos días después del sexto ataque, Hegseth anunció que una séptima embarcación atacada estaba afiliada a una organización terrorista colombiana y que tenía “cantidades sustanciales de narcóticos” a bordo. Los tres tripulantes murieron. En un mensaje en redes sociales, Hegseth escribió: “Estos cárteles son Al Qaeda del Hemisferio Occidental, usan la violencia, el asesinato y el terrorismo para imponer su voluntad, amenazar nuestra seguridad nacional y envenenar a nuestra gente. Las fuerzas armadas de Estados Unidos tratarán a estas organizaciones como los terroristas que son: serán perseguidos y asesinados, tal como Al Qaeda”. Estos ataques provocaron enfrentamientos públicos con el presidente colombiano Gustavo Petro, quien acusó a Estados Unidos de haber matado a un ciudadano colombiano inocente durante uno de los ataques a embarcaciones en el Caribe. En respuesta, Trump anunció que cancelaría todos los pagos y subsidios estadounidenses a Colombia.
A partir del 21 y 22 de octubre, la campaña se extendió al océano Pacífico oriental. Según Hegseth, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos llevaron a cabo ataques letales contra dos barcos en el Pacífico, con un saldo de dos muertos en el octavo ataque y tres en el noveno. Hegseth afirmó que el barco atacado en el Pacífico estaba “operado por una Organización Terrorista Designada y realizaba narcotráfico en el Pacífico oriental” y que “nuestra inteligencia sabía que estaba involucrado en el contrabando ilícito de narcóticos”. Añadió que la embarcación “transportaba narcóticos” y “transitaba por una ruta conocida de narcotráfico”. Estas operaciones marcaron una expansión de la campaña militar, que hasta entonces se había centrado en el mar Caribe. “Los narcoterroristas que pretenden traer veneno a nuestras costas no encontrarán refugio en ningún lugar de nuestro hemisferio”, declaró Hegseth.
El 4 de noviembre, el secretario de Defensa informó de un nuevo ataque en el este del océano Pacífico, con dos muertos. En X, Hegseth indicó: “La inteligencia confirmó que la embarcación estaba involucrada en el contrabando ilícito de narcóticos y transitaba por una ruta conocida de narcotráfico transportando narcóticos”. Dos días después, el 6 de noviembre, Estados Unidos llevó a cabo otro ataque contra una embarcación en el Caribe, en el que murieron tres personas. Hegseth señaló en X que “la embarcación estaba traficando narcóticos en el Caribe y fue atacada en aguas internacionales” y añadió que ningún miembro de las fuerzas estadounidenses resultó herido.
El 9 de noviembre se registraron dos ataques más contra dos embarcaciones en el Pacífico, que dejaron seis muertos en total. Hegseth afirmó en X que, “según nuestros servicios de inteligencia, estas embarcaciones estaban vinculadas al contrabando de narcóticos, transportaban estupefacientes y transitaban por una ruta conocida de narcotráfico en el Pacífico Oriental”. Añadió que “ambos ataques se realizaron en aguas internacionales y tres narcoterroristas se encontraban a bordo de cada embarcación. Los seis murieron. Ningún miembro de las fuerzas estadounidenses resultó herido”.
El 10 de noviembre, el Pentágono ejecutó lo que un funcionario del Departamento de Defensa describió a CNN como el ataque número 20, ocurrido en el Caribe y con un saldo de cuatro muertos, referidos como “narcoterroristas”. El 15 de noviembre, el Comando Sur anunció que el día anterior, 14 de noviembre, se llevó a cabo el ataque número 21 contra un bote supuestamente cargado de drogas en el Pacífico. En un comunicado en X, el Comando Sur informó que tres personas murieron y que, según la inteligencia estadounidense, el bote transportaba narcóticos en una ruta comúnmente utilizada para el narcotráfico en aguas internacionales del Pacífico oriental.
La ofensiva continuó en diciembre. El 4 de ese mes, el Comando Sur reportó un nuevo ataque en el Pacífico, en el que murieron cuatro presuntos “narcoterroristas” a bordo de una lancha. Según la cuenta de X del comando, las áreas de inteligencia confirmaron que la embarcación transportaba drogas en una ruta marítima utilizada para el narcotráfico. El 15 de diciembre, las Fuerzas Militares de Estados Unidos atacaron tres embarcaciones presuntamente dedicadas al narcotráfico en el este del océano Pacífico, con un saldo de ocho muertos, según el Comando Sur. “El 15 de diciembre, por orden de @SecWar Pete Hegseth, la Fuerza de Tarea Conjunta Southern Spear llevó a cabo ataques cinéticos letales sobre tres embarcaciones operadas por Organizaciones Terroristas Designadas en aguas internacionales”, publicó SOUTHCOM en X. Añadió que la inteligencia confirmó que las embarcaciones transitaban por rutas conocidas de narcotráfico en el Pacífico Oriental y estaban involucradas en actividades de narcotráfico.
El 17 de diciembre, las fuerzas estadounidenses atacaron otra embarcación supuestamente dedicada al narcotráfico en la zona este del océano Pacífico, causando la muerte de cuatro personas, según el Comando Sur. Esta acción se dio a conocer momentos antes de un mensaje a la nación de Trump, en el que el presidente destacó los logros que, según él, su Gobierno ha alcanzado desde el inicio de su segunda presidencia el 20 de enero, sin mencionar las tensiones con Venezuela.
El 18 de diciembre, Estados Unidos realizó nuevos ataques contra dos embarcaciones presuntamente dedicadas al transporte de drogas en aguas internacionales del océano Pacífico. El Comando Sur informó que cinco personas murieron en esta ofensiva, que constituyó la tercera maniobra militar en la zona en menos de una semana.
El 22 de diciembre se produjo otro ataque contra una embarcación de bajo perfil operada, según el Comando Sur, por organizaciones designadas como terroristas en aguas internacionales. “El 22 de diciembre, por orden del secretario de Defensa, Pete Hegseth, la Fuerza de Tarea Conjunta Southern Spear llevó a cabo un ataque letal contra una embarcación de bajo perfil operada por organizaciones designadas como terroristas en aguas internacionales”, publicó el comando en X.
A pocos días de finalizar el año, el 29 de diciembre, las Fuerzas Militares de Estados Unidos ejecutaron otro ataque contra una presunta embarcación de narcotráfico en el océano Pacífico oriental, en el que murieron dos personas, según el Comando Sur. “El 29 de diciembre, bajo la dirección del secretario de Defensa, Pete Hegseth, la Fuerza de Tarea Conjunta Southern Spear ejecutó un ataque cinético letal contra una embarcación operada por Organizaciones Terroristas Designadas en aguas internacionales”, señaló SOUTHCOM en X, añadiendo que dos hombres murieron y que ningún miembro del servicio estadounidense resultó herido.
El 31 de diciembre, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos informaron de un ataque contra lo que describieron como un “convoy” de tres embarcaciones presuntamente dedicadas al tráfico de narcóticos, el más reciente en la escalada de acciones contra lo que Washington afirma son traficantes de drogas. Funcionarios indicaron que tres personas murieron en una de las embarcaciones atacadas, mientras que los sobrevivientes de las otras dos abandonaron los botes, según un anuncio del Comando Sur en X. Hasta el momento, no se ha informado públicamente el lugar exacto de estos últimos ataques, más allá de que se llevaron a cabo en “aguas internacionales”. Operaciones anteriores han tenido lugar tanto en el mar Caribe como en el océano Pacífico.
La campaña militar se enmarca en una intensificación de la presión de Washington en la región. La medida, ejecutada con especial fuerza en las últimas semanas del año, ha dejado una estela de interrogantes al no proporcionarse detalles concretos sobre el alcance de las operaciones ni pruebas públicas sobre la naturaleza de todos los objetivos. El Gobierno de Venezuela sostiene que Estados Unidos busca un cambio de régimen, mientras que el presidente Nicolás Maduro ha calificado los ataques como “ejecuciones seriales” y ha pedido a la ONU que investigue el asunto. El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, ha considerado que se trata de “una guerra no declarada”, y la Cancillería de ese país denuncia la “amenaza militar” de Washington. Petro, por su parte, ha señalado que siempre estará “en contra de genocidios y asesinatos del poder en el Caribe”.
Con los ataques de esta semana, considerados los últimos del año, el total asciende a 34 embarcaciones destruidas en 28 ataques en aguas internacionales desde el 2 de septiembre, contra objetivos que Washington describe como embarcaciones que presuntamente transportaban narcóticos, sin que se hayan presentado pruebas que respalden públicamente estas afirmaciones.
CNN
