Un hombre de 29 años, identificado como Brian Davenport, confesó haber disparado fatalmente a su abuela de 87 años, Velma Koontz, en la residencia de la víctima en Fairbanks, Alaska, el martes 20 de enero de 2026. El hecho generó conmoción inmediata en la pequeña comunidad del norte.
Según la información policial, Koontz padecía cáncer terminal en etapa avanzada y dependía de cuidados paliativos diarios en su hogar. Davenport ingresó al domicilio sin autorización y tomó un revólver calibre .38 que pertenecía a su abuelo. De acuerdo con su declaración, inicialmente pensó en dirigir el arma contra otra persona, pero al ver a su abuela en la silla de ruedas cambió de objetivo y le disparó una sola vez en la cabeza.
Tras el disparo, Davenport abandonó la escena y caminó erráticamente por las calles nevadas hasta que fue localizado por agentes, quienes lo encontraron en un estado alterado y lo trasladaron a un hospital cercano, donde quedó bajo observación médica. Posteriormente, durante un interrogatorio detallado, el hombre explicó que actuó por compasión y que quería que su abuela “se fuera en paz”, sin seguir padeciendo dolores intensos ni preocuparse por el “legado” que dejaría tras su muerte. Comparó su acción con la desconexión de un soporte vital en un entorno hospitalario.
El esposo de la víctima regresó al domicilio tras una ausencia de aproximadamente una hora y encontró el cuerpo sin vida de Koontz, mientras que el arma había sido arrojada en el exterior. De inmediato alertó a los servicios de emergencia, y la policía acudió rápidamente al lugar.
Autoridades confirmaron el diagnóstico grave de Koontz mediante la revisión de registros médicos. Sin embargo, el Departamento de Policía de Fairbanks señaló que el caso se investiga como homicidio intencional y no como eutanasia legal. Davenport enfrenta cargos formales por asesinato en primer grado. El juez que atendió el caso fijó una fianza de 5 millones de dólares, descrita como prohibitiva.
En la audiencia inicial, el hijo de la víctima expresó profundo dolor y pidió que el acusado no fuera liberado, argumentando que Davenport tiene un historial de incumplimiento de tratamiento psiquiátrico y representa un peligro real para la sociedad. El sospechoso permanece recluido en un centro correccional mientras avanza el proceso judicial.
El caso ha reavivado discusiones éticas en torno al final de la vida, el dolor intratable y los límites de la compasión personal, mientras la justicia determina las consecuencias legales del homicidio en un contexto de enfermedad terminal y sufrimiento familiar.
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