Estados Unidos busca establecer presencia humana permanente en la Luna, redirigiendo recursos de programas orbitales.
La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) está acelerando sus esfuerzos para establecer una presencia humana permanente en la Luna, en un contexto de creciente competencia espacial con China. La agencia estadounidense busca superar las ambiciones chinas en la superficie lunar.
Este impulso hacia una base lunar, promovido por la administración Trump con una inversión estimada de 20 mil millones de dólares, representa un cambio estratégico significativo para la NASA. Se abandona la idea de una estación espacial en órbita lunar, como el programa Gateway, para centrarse en la construcción de infraestructura directamente en la Luna, con el objetivo de establecer un punto de apoyo a largo plazo para la exploración del espacio profundo.
«Esta vez, el objetivo no son banderas y huellas», declaró Jared Isaacman, administrador de la NASA, al delinear el plan. «Esta vez, el objetivo es quedarse». Casey Dreier, jefe de política espacial de The Planetary Society, una organización sin fines de lucro de exploración espacial, explicó que una base lunar serviría como «punto focal de nuestros esfuerzos continuos para no solo estar alrededor de la Tierra, sino ir al espacio profundo».
Mientras tanto, China avanza rápidamente en sus propias capacidades espaciales, con el objetivo de llevar astronautas a la Luna alrededor de 2030, lo que marcaría su primera misión lunar tripulada. El país asiático ha realizado misiones robóticas exitosas, incluyendo el retorno de muestras desde la superficie lunar a la Tierra, y está sentando las bases para una presencia a largo plazo, colaborando con socios internacionales como Rusia en planes para una base cerca del polo sur lunar.
Dreier advirtió que el cronograma y el presupuesto de la administración para la base lunar son «altamente ambiciosos». Al ser consultado sobre si 20 mil millones de dólares serían suficientes, respondió: «Probablemente no». También señaló que el plazo de aproximadamente siete años es agresivo, sugiriendo que el esfuerzo podría comenzar con una presencia inicial limitada que se expandiría con el tiempo. El administrador Isaacman destacó la situación geopolítica, afirmando: «Nos encontramos con un verdadero rival geopolítico, desafiando el liderazgo estadounidense en el terreno elevado del espacio».
La carrera por establecer una presencia permanente en la Luna subraya la creciente importancia estratégica del espacio, con ambos países compitiendo por el dominio en la exploración lunar y el espacio profundo.
