La oración, adoptada oficialmente hace cinco siglos, combina pasajes bíblicos con la devoción popular.
La oración del Ave María, cuyo texto actual fue adoptado oficialmente hace cinco siglos, se consolidó como una de las fórmulas de devoción cristiana más extendidas. Su popularización se originó en la época medieval, especialmente entre creyentes con educación limitada que no podían seguir las lecturas bíblicas en latín, y fue reconocida oficialmente por el papa Pío V en 1568.
La oración se compone de dos partes diferenciadas. La primera es de origen bíblico, combinando los saludos a María de los evangelios de Lucas: «Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo» y «Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre». La segunda parte, «Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén», surgió de la oración del pueblo cristiano y se configuró progresivamente entre los siglos XI y XVI.
Expertos como el sacerdote Rodrigo Natal y el teólogo Vinícius Paiva señalan que el Ave María no surgió de repente, sino que se fue formando progresivamente en el seno de la Iglesia, combinando las Sagradas Escrituras con la tradición viva. José Luís Lira, fundador de la Academia Brasileña de Hagiología, la describe como una de las fórmulas de devoción cristiana más extendidas, cuyo desarrollo fue un proceso dentro de la liturgia y la piedad popular.
En la época medieval, la oración, conocida como el saludo angelical, se popularizó entre monjes y laicos analfabetos como una alternativa a la lectura de los salmos. El testimonio más antiguo de la formulación completa del Ave María fue registrado por el fraile franciscano Antonio da Stroncone a principios del siglo XV. Su versión más popularizada fue oficializada por la Iglesia en el Concilio de Trento y se incluyó en el Breviario Romano publicado por el papa Pío V en 1568, lo que el teólogo Raylson Araujo describe como una «canonización» de la oración.
La difusión del Ave María se desarrolló paralelamente al rezo del rosario, una práctica atribuida a fray Domingo de Guzmán en el siglo XIII y extendida por Alan de la Roche. El rosario, diseñado para reemplazar 150 salmos con 150 Ave Marías, contribuyó significativamente a su frecuencia, ya que se rezan diez Ave Marías por cada Padre Nuestro.
Factores como sus orígenes bíblicos, su facilidad para memorizar y su adopción por monjes y en diversas celebraciones contribuyeron a su amplia difusión. La segunda parte de la oración también resume dogmas católicos, como la designación de María como «Madre de Dios» desde el Concilio de Éfeso en 431, y la idea de María como intercesora.
La sencillez de su texto, combinado con una profunda reflexión teológica, la ha convertido en una de las oraciones más importantes de la Iglesia hoy en día, después de la liturgia. Un papiro egipcio de datación incierta (siglo III/IV o IX) contiene la oración más antigua conocida dedicada a la Virgen María, con similitudes a la actual Ave María, comenzando con «A tu protección acudimos, oh santa Madre de Dios».
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