Las festividades decembrinas, tradicionalmente asociadas con unión y encuentro, intensifican los desafíos emocionales en el adulto mayor y en quienes enfrentan soledad, configurando lo que especialistas consideran una “epidemia silenciosa” que se agudiza en Navidad. El contraste entre la imagen de reuniones familiares y alegría y la realidad de quienes viven solos o han perdido vínculos cercanos por viudez, distanciamiento familiar o limitaciones de movilidad se vincula con tristeza, nostalgia, ansiedad y depresión.
Karina Paredes, máster en Psicología y directora del grupo En Persona del Grupo Médico Santa Paula (GMSP), señala que en este contexto la sensación de aislamiento se convierte en un catalizador de vulnerabilidad, evidenciando cómo la salud mental influye en las relaciones personales, el desempeño diario y el bienestar físico general. De acuerdo con la especialista, cuando la soledad y la tristeza se vuelven persistentes alteran la percepción intrínseca de la persona sobre sí misma, “sobre su valor, su espacio en la sociedad, su papel en la familia, entre otros aspectos”.
Paredes explica que la ansiedad y la preocupación permanente sobre la falta de compañía y el futuro inmediato “puede conducir a la depresión, la cual es mucho más que una simple tristeza”. Precisa que tanto la ansiedad como la depresión requieren atención especializada profesional y urgente, acompañada de un entorno afectivo y familiar sólido.
La experta subraya que la soledad no es solo un estado emocional, sino que puede tener efectos reales en la salud del adulto mayor. Entre las consecuencias asociadas menciona un mayor riesgo de depresión, que afecta al 5,7% de los mayores de 60 años, así como problemas cardiovasculares, deterioro cognitivo y disminución de la calidad de vida.
En línea con un enfoque integral, el GMSP impulsa la combinación de diagnóstico preciso y apoyo terapéutico. Para ello ha implementado el Perfil de Salud Mental, un análisis de laboratorio diseñado para evaluar el equilibrio hormonal ligado al estado de ánimo. Esta prueba incluye la medición de dos hormonas clave: el cortisol matutino (8 am), utilizado para determinar niveles crónicos de estrés, y la DHEA-S, cuyos niveles bajos pueden asociarse a fatiga y depresión.
Javier Meneses, gerente del Laboratorio Clínico del GMSP, destaca la importancia de seguir las recomendaciones previas al examen, como el ayuno y evitar el ejercicio intenso, para garantizar la precisión de la prueba, la cual está disponible de forma permanente en la clínica.
Además del abordaje diagnóstico y terapéutico, Paredes propone recomendaciones prácticas orientadas a mitigar el impacto emocional de las festividades en personas mayores y en situación de soledad. Entre ellas, sugiere mantener una rutina con un horario diario para reducir el estrés y fortalecer las redes de apoyo mediante la conversación con amigos o familiares, visitas, llamadas, videollamadas y uso de redes sociales para sostener el contacto y reconstruir la red afectiva.
La especialista también resalta la participación en actividades sociales y con propósito, como centros de día, grupos de hobbies, voluntariado, manualidades y celebraciones organizadas, así como la práctica de técnicas de autoayuda, entre ellas la meditación o el desarrollo de pasatiempos. Asimismo, señala la relevancia de un estilo de vida saludable que incluya ejercicio, dieta equilibrada y buena higiene del sueño, junto con el acceso a apoyo emocional, acompañamiento psicológico y programas de escucha activa.
Respaldado por su empresa matriz, Keralty, el GMSP reafirma su compromiso con la excelencia en la atención médica, ofreciendo a usuarios y profesionales de la salud herramientas orientadas a facilitar el acceso a servicios de calidad en el ámbito de la salud mental y el bienestar integral del adulto mayor.
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