El número de víctimas mortales por el devastador terremoto en Birmania ha ascendido a más de 2,700 personas, según informó Min Aung Hlaing, líder militar del país. El seísmo, de magnitud 7.7, se produjo a la hora de almuerzo del pasado viernes y es considerado el más fuerte en la región del sudeste asiático en más de un siglo. Las consecuencias han sido desastrosas, afectando tanto a pagodas antiguas como a edificios modernos.
Los grupos de ayuda en las zonas más afectadas han destacado la urgente necesidad de refugio, alimentos y agua. Sin embargo, la guerra civil en curso podría obstaculizar la llegada de la asistencia necesaria. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas reportó que en Mandalay, una de las áreas más afectadas, 50 niños y dos profesores murieron al derrumbarse su centro preescolar.
En las zonas devastadas, las comunidades están luchando por satisfacer necesidades básicas como el acceso al agua potable. Los equipos de emergencia trabajan intensamente para localizar sobrevivientes y proporcionar ayuda esencial. El Comité Internacional de Rescate ha subrayado que se requieren refugios, alimentos, agua y ayuda médica en lugares como Mandalay, cerca del epicentro del terremoto.
Debido al temor de más réplicas, muchas personas han optado por dormir al aire libre. La situación se complica aún más por la guerra civil que se libra desde que la junta militar tomó el poder en un golpe de estado en 2021, dificultando los esfuerzos para auxiliar a los heridos y a aquellos que han quedado sin hogar.
Ante la crisis, Amnistía Internacional ha instado a la junta militar a permitir el acceso de la ayuda a todas las regiones afectadas, especialmente aquellas que no están bajo su control. Joe Freeman, investigador de Amnistía sobre Birmania, declaró: «El ejército lleva mucho tiempo negando la ayuda a zonas en las que actúan grupos que se le resisten.»
Además, el control estricto de la junta sobre las redes de comunicación y los daños sufridos en infraestructuras clave como carreteras y puentes han incrementado los desafíos para los trabajadores humanitarios.
Por otra parte, pese a la tragedia en Birmania, las autoridades tailandesas han confirmado que la reunión de líderes regionales en Bangkok seguirá adelante tal como estaba previsto. Sin embargo, Min Aung Hlaing podría participar de manera virtual.
La situación en Birmania sigue siendo crítica, con un número creciente de víctimas y la necesidad de cooperación internacional para atender la emergencia humanitaria.
AFP