El comandante de la revolución y viceprimer ministro de Cuba, Ramiro Valdés Menéndez, permanece internado desde hace al menos diez días en un centro médico de La Habana, aquejado de una grave enfermedad a la que se suman las complicaciones propias de su avanzada edad, ya que cumplirá 94 años el próximo mes de abril. Aunque las autoridades cubanas no han ofrecido información oficial sobre su estado, fuentes del gobierno de la isla confirmaron a El Debate que Valdés se encuentra “bajo estrecha vigilancia médica las 24 horas del día”.
La ubicación exacta del centro en el que está siendo tratado no ha podido ser confirmada. Valdés podría encontrarse internado en la Clínica Central Cira García, ubicada en la calle 20 No. 4101, esquina Avenida 41, en el reparto Miramar, municipio Playa, uno de los enclaves más exclusivos de La Habana. Este centro dispone de un área privada cerrada al público, tanto para ciudadanos cubanos como para extranjeros, reservada exclusivamente para miembros de las élites comunistas. Sin embargo, otras fuentes señalan que podría estar ingresado en el Centro de Investigación Médico Quirúrgica (Cimeq), dependiente del Ministerio del Interior y situado en la calle 216 de la localidad de Siboney, también en el municipio Playa, donde fue tratado de cáncer de recto Raúl Castro.
Tras la muerte de Ernesto Che Guevara y de Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés ha sido considerado el tercer hombre de la revolución cubana, después de los hermanos Castro, y el principal responsable de los órganos de espionaje y represión en la isla. Fuentes próximas al gobierno cubano que han tratado personalmente a Valdés afirman a El Debate que “es el artífice de casi todo en Cuba, desde los temibles servicios de Inteligencia hasta el arresto de miles de personas inocentes utilizando los llamados ‘índices de peligrosidad social’”. Estas mismas fuentes lo describen como “muy alto” y sostienen que “cuando te mira, intimida; da la impresión de que no hay nada detrás de esos ojos. Es como si no tuviera alma. Y esa impresión no es solo mía. La hemos tenido más personas que lo conocemos”.
Hasta su reciente ingreso hospitalario, las mismas fuentes lo describen como un hombre físicamente fuerte, que “administra bien sus silencios” y que mantenía un buen estado de salud física y mental. “Ramiro Valdés es ese tipo de persona que sabe muy bien nadar y guardar la ropa, por eso ha aguantado tanto tiempo al más alto nivel”, señalan, bajo condición de anonimato.
Valdés fue el primer ministro del Interior del régimen castrista y tuvo como misión principal la creación de la Dirección de Inteligencia, el conocido G2 cubano, concebido para espiar, reprimir y eliminar cualquier oposición al comunismo. No solo mantuvo relaciones con la Unión Soviética y la República Democrática Alemana (RDA), sino que fue moldeado directamente por los servicios secretos de estos países con el objetivo de convertir al G2 en una de las agencias de inteligencia más eficientes del bloque socialista. A partir de 1960, viajó en numerosas ocasiones a la Unión Soviética y a la RDA para conocer en profundidad el funcionamiento del KGB y la Stasi e integrar al G2 en la red de inteligencia del Pacto de Varsovia.
Para llevar adelante este proyecto, Valdés contó con la colaboración de Manuel Piñeiro, conocido como Barbarroja, primer responsable oficial del G2. Hijo de emigrantes gallegos, Piñeiro nació en La Habana durante un huracán, sobre el mostrador del bar que regentaba su padre, quien también fue gerente de Bacardí en una provincia cubana y, con sus ahorros, lo envió a estudiar a la Universidad de Columbia, en Nueva York. En 1965, Barbarroja recibió en La Habana a Markus Wolf, jefe de la Stasi, que instruyó a los cuadros cubanos en la creación de un sistema de vigilancia por barrios, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), conocidos popularmente como los “chivatos del barrio”.
Según las fuentes cubanas consultadas por El Debate, “Ramiro Valdés es un hombre devoto del ideal revolucionario. Un comunista inquebrantable”. No obstante, estas mismas fuentes señalan que los principios que ha aplicado con firmeza al conjunto de la población cubana no parecen extenderse a su entorno familiar más cercano. Sus hijos Agustín y Ramirito residen en Estados Unidos, adaptados al “american way of life”, una situación que comparten con familiares de otros altos cargos de la revolución.
Las fuentes consultadas atribuyen a Valdés un papel central en la represión interna y le señalan como responsable de la dura respuesta estatal a las protestas del 11 de julio de 2021 en la provincia de Artemisa. Además, aseguran que el viceprimer ministro posee una importante fortuna personal y disfruta de un elevado nivel de vida. Mientras continúa hospitalizado en La Habana, su estado de salud se mantiene bajo reserva y sin confirmación oficial por parte del gobierno cubano.
El Debate
