Los hospitales de Irán se encuentran saturados de heridos y fallecidos tras dos semanas de protestas respondidas con una fuerte represión por parte del régimen, en un contexto de casi total incomunicación debido a un apagón de Internet y telecomunicaciones que afecta al país. La combinación de violencia estatal y bloqueo informativo ha sumido a la población en una grave crisis humanitaria, según reseñó el diario español El Mundo.
De acuerdo con el observatorio de derechos humanos Hrana, al menos 538 personas han muerto desde el inicio de las movilizaciones, entre ellas 38 miembros de las fuerzas de seguridad, y más de 10.000 han sido detenidas. Paralelamente, la interrupción de Internet y de las líneas telefónicas ha impedido la comunicación entre familiares dentro y fuera de Irán, además de afectar el funcionamiento del sistema bancario, los aeropuertos y miles de comercios.
Pese al cerco informativo, organizaciones de derechos humanos han documentado que los hospitales de Teherán y de otras ciudades están colapsados. La BBC persa verificó que 70 cadáveres fueron trasladados al hospital Poursina, en la ciudad de Rasht, en una sola noche. Personal médico declaró que la morgue estaba abarrotada y que fuerzas de seguridad retiraron varios cuerpos. Otros sanitarios denunciaron que a las familias se les exige dinero para poder recuperar los cadáveres de sus parientes fallecidos.
Un médico de un hospital de Teherán relató que su centro está desbordado por la llegada de manifestantes heridos, muchos de los cuales murieron poco después de ingresar a urgencias, según recogió El Mundo. “Llegaban con disparos directos a la cabeza o al corazón. Muchos ni siquiera alcanzaron a recibir atención médica”, describió.
Según la agencia AFP, los iraníes han seguido saliendo a las calles por la noche a pesar del apagón de Internet, mientras grupos de derechos humanos denuncian que el régimen está llevando a cabo una “masacre” para sofocar las manifestaciones. Videos filtrados muestran multitudes protestando en ciudades como Teherán y Mashhad, así como imágenes de morgues donde familiares intentan identificar cuerpos.
Las protestas comenzaron por el aumento del costo de la vida y los cortes de agua y electricidad, pero se han transformado en un movimiento contra el régimen instaurado en 1979. Además de los reclamos económicos, muchos manifestantes exigen ahora la caída del sistema islámico e incluso el regreso de la monarquía.
El gobierno ha respondido con una escalada represiva que incluye la participación de la policía, el ejército y la Guardia Revolucionaria. Las autoridades advirtieron que participar en las protestas podría derivar en cargos de “enemigo de Dios”, delito castigado con la pena de muerte. El jefe policial, Ahmad Reza Radan, reconoció que hubo fallecidos por disparos, pero atribuyó las muertes a supuestos “grupos terroristas”, según informó AFP.
En el plano internacional, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, acusó a Estados Unidos e Israel de instigar el caos en el país. Por su parte, el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, lanzó amenazas de represalias en caso de una intervención militar de Washington, después de que se revelara que el presidente estadounidense Donald Trump solicitó informes sobre posibles opciones de ataque.
El Nacional
