Donald Trump y María Corina Machado mantuvieron un encuentro en el Ala Oeste de la Casa Blanca que, según fuentes estadounidenses citadas por el diario ABC Premium en un artículo del corresponsal en Washington David Alandete, pasó de ser una visita discreta a un gesto político con impacto en la transición en Venezuela. La reunión, inicialmente prevista para concluir antes de las 14.00, se prolongó unos 45 minutos más de lo programado y dio lugar al establecimiento de un canal de comunicación directa entre el presidente estadounidense y la dirigente venezolana.
De acuerdo con esas fuentes, en la fase final de la conversación, cuando el encuentro se aproximaba a su cierre, surgió una cuestión práctica sobre cómo mantener el contacto en una etapa que ambas partes consideraban abierta e incierta. La jefa de gabinete, Susie Wiles, se ofreció a facilitar su número de teléfono para canalizar futuras comunicaciones, pero Trump la interrumpió, sacó su propio teléfono y entregó personalmente su número a Machado, con la indicación de que se comunicarían directamente y seguirían hablando a partir de ese momento, como señal de continuidad y no solo como un gesto protocolario.
Las fuentes citadas por ABC describen el encuentro como parte de una doble misión que atribuyen a Trump. Por un lado, mantener el control del proceso de transición en Venezuela y preservar líneas de comunicación con quienes ejercen hoy el poder efectivo en Caracas, incluida Delcy Rodríguez. Por otro, abrir con María Corina Machado una interlocución directa para la nueva fase que consideran iniciada. Según esas mismas fuentes, no se trataría de un caso aislado, y se menciona como precedente la visita del entonces candidato presidencial polaco Karol Nawrocki, quien accedió a la Casa Blanca por un circuito similar, sin convocatoria de prensa y en un formato privado, consolidando posteriormente su perfil internacional durante la campaña que lo llevó a imponerse en las elecciones presidenciales semanas después.
La visita de Nawrocki, sin embargo, no figuró en la agenda del día, a diferencia de la de Machado. En este caso, según el relato publicado por ABC, a toda la prensa se le anunció el almuerzo como un acto en agenda, cerrado a la cobertura de medios. Esta dualidad también se reflejó en la forma en que se gestionó la presencia pública de la dirigente venezolana y el modo en que se comunicó el contenido político del encuentro.
Tras la salida de Machado de la Casa Blanca, las mismas fuentes señalan que Trump comentó a su entorno que la dirigente venezolana le había parecido «una mujer realmente extraordinaria», que «ha sufrido muchísimo» y que mantiene la determinación de regresar a su país. Al día siguiente, al salir hacia Florida, el presidente declaró ante la prensa: «Me dio su Premio Nobel. Pero te diré algo: la conozco. Nunca la había visto antes. Y me impresionó muchísimo. Esta es una muy buena mujer». En paralelo, el director de la CIA, John Ratcliffe, se desplazaba a Caracas para reunirse con Delcy Rodríguez, en un contexto descrito como de fuerte contestación interna tras la captura de Maduro, la aceptación casi total de las exigencias planteadas por Trump y un nerviosismo creciente en torno a la figura de Diosdado Cabello.
El protocolo de la visita de Machado fue, según ABC, estudiado al detalle. Pese a las críticas procedentes del entorno del régimen chavista, la dirigente venezolana fue citada en la West Gate, la puerta de acceso habitual para visitantes que no son jefes de Estado y que utilizan políticos, funcionarios, asesores y personal externo en visitas fuera de actos oficiales. Se descartó la North Gate, destinada a la prensa acreditada, empleados y la mayoría de visitantes, que implica un registro más visible y, en el caso de extranjeros, la asignación de una escolta permanente. Ese acceso discurre además ante el cordón habitual de medios, algo que se quiso evitar deliberadamente para preservar la discreción del encuentro y mantener la visita fuera del circuito público.
Según fuentes conocedoras del protocolo citadas por ABC, hasta la noche anterior a la reunión hubo deliberaciones sobre la presencia o no de prensa y sobre el formato definitivo del encuentro. La prioridad, insisten, era evitar una desautorización integral de Delcy Rodríguez, en un contexto de tensión interna en el entorno chavista. Antes de llegar a la Casa Blanca, Machado habló con Marco Rubio, presentado en el artículo como jefe de la diplomacia estadounidense y quien la había propuesto para el Nobel.
Machado llegó en torno a las 12.30 a la entrada de la Casa Blanca, donde fue admitida y trasladada directamente al Ala Oeste. Las visitas de trabajo de bajo perfil, en las que no participa el presidente, suelen derivarse al Edificio Roosevelt, anexo que alberga las oficinas del vicepresidente y del Consejo de Seguridad Nacional. En este caso, Machado fue conducida a una zona de espera en el Ala Oeste, donde permaneció hasta que Trump la recibió alrededor de las 13.10.
Durante la visita, Trump le mostró el Despacho Oval. Allí conversaron y posaron para varias fotografías, entre ellas una junto a una réplica de la Declaración de Independencia, en el marco de la conmemoración de los 250 años de su proclamación. En ese momento, Machado hizo entrega de la medalla del Nobel y explicó que se trataba de un gesto de agradecimiento por lo que describió como «fuerza para lograr la paz». Trump aceptó la medalla y pidió a su equipo que estudiara dónde colocarla, recordando que en la Sala Roosevelt ya cuelga el Premio Nobel concedido a Theodore Roosevelt por su mediación en la guerra entre Rusia y Japón.
El encuentro se desarrolló en un día de intensa actividad en la Casa Blanca, coincidiendo con la rueda de prensa diaria de la portavoz. Tras la reunión en el Despacho Oval, Trump acompañó a Machado al comedor privado del Ala Oeste, una sala pequeña situada junto al despacho presidencial, con capacidad reducida para unas seis personas sentadas y utilizada para comidas informales, reuniones discretas, encuentros bilaterales y seguimiento de la actualidad en televisión o conversaciones de trabajo fuera del Despacho Oval. El espacio cuenta con una pequeña despensa anexa atendida por personal de servicio.
En ese comedor, Trump hizo pasar finalmente a su jefa de gabinete, Susie Wiles; al secretario de Estado, Marco Rubio, y al vicepresidente, J. D. Vance. Según ABC, se trató de una comida breve, de menos de una hora, con cuatro de los dirigentes de mayor peso político de la Administración, junto al secretario de Defensa, y el núcleo con el que el presidente suele tomar las decisiones más sensibles.
En su intervención pública el día después del encuentro, Machado afirmó que Trump le transmitió de forma directa que le importan los venezolanos y que ese era el mensaje central que quería llevarse de vuelta: que Estados Unidos y el presidente «se preocupan plenamente» por la vida y el bienestar de la gente, «desde los presos políticos hasta las familias golpeadas por la pobreza y la desnutrición». Según relató, habló con él de la represión, de la urgencia de liberar y «realmente hacer libres» a los detenidos, y presentó la reunión como parte de un proceso «complejo y delicado» hacia una transición democrática, con la promesa de que Venezuela «va a ser libre» con el apoyo de Estados Unidos.
El encuentro, previsto para concluir antes de las 14.00, se fue alargando a medida que avanzaba la conversación. De acuerdo con el relato recogido por ABC, Trump se mostró cómodo y la reunión se extendió hasta aproximadamente 45 minutos después de la hora inicialmente fijada. A la salida, el Servicio Secreto condujo a Machado a una zona restringida y vallada, un perímetro de seguridad de implantación reciente, para que pudiera saludar a los venezolanos que la esperaban, antes de dirigirse posteriormente al Capitolio.
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