El presidente estadounidense, Donald Trump, presentó el jueves en Davos su Junta de Paz, una nueva entidad de resolución de conflictos globales que pretende reescribir el orden mundial, y horas después retiró la invitación al primer ministro canadiense para que su país se uniera al organismo. La iniciativa, que afirma trabajar “en colaboración” con la ONU, ha despertado escepticismo internacional y serias dudas en la Unión Europea sobre su compatibilidad con la Carta de Naciones Unidas.
Tras un discurso en el que abordó la situación en Gaza, Irán, Ucrania y Venezuela, Trump firmó en la estación de esquí suiza el documento que crea la Junta de Paz, acompañado por una veintena de líderes, entre ellos el presidente argentino, Javier Milei, y el mandatario paraguayo, Santiago Peña. El órgano, inicialmente concebido para supervisar la reconstrucción de Gaza tras la guerra entre Hamás e Israel, no limita sus funciones a ese territorio en sus estatutos, lo que ha generado preocupación por la posibilidad de que pueda rivalizar con la ONU.
Trump ha invitado a diversos dirigentes a integrarse en la Junta, incluyendo al presidente ucraniano Volodimir Zelenski, al mandatario ruso Vladimir Putin, al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y al papa León XIV. Algunos han rechazado formar parte del organismo, cuya membresía permanente tiene un coste de 1.000 millones de dólares. Según el propio Trump, la Junta de Paz busca apuntalar su imagen de pacificador, un día después de que retirara sus amenazas contra Groenlandia, territorio autónomo danés que considera clave para la seguridad de Estados Unidos.
Horas después de su presentación ante las élites mundiales, Trump utilizó su red Truth Social para comunicar la retirada de la invitación dirigida al primer ministro canadiense, Mark Carney. “Por favor, que esta carta sirva para comunicar que la Junta de Paz retira la invitación dirigida a usted respecto a la adhesión de Canadá”, anunció el presidente estadounidense. El gesto se produjo después de que Carney captara la atención internacional en Davos por sus comentarios sobre una “ruptura” en el sistema global de gobernanza liderado por Washington, lo que generó una respuesta airada de Trump en el foro.
El gobierno canadiense había señalado que no pagaría para unirse a la Junta de Paz. Carney subrayó el jueves que Canadá “no existe gracias a Estados Unidos”, en un contexto de tensión política en torno al papel de Washington en el sistema internacional y al coste de la membresía en el nuevo organismo.
La Unión Europea expresó sus reservas sobre la iniciativa. El jefe del Consejo Europeo, Antonio Costa, afirmó a primera hora del viernes, tras una reunión de líderes en Bruselas, que el bloque tiene “serias dudas” sobre la Junta, en particular respecto a su ámbito de actuación y su compatibilidad con la Carta de Naciones Unidas. Las competencias amplias del órgano, más allá de Gaza, han alimentado el debate sobre el equilibrio institucional con el sistema multilateral existente.
Paralelamente, Washington aprovechó la cita de Davos para presentar sus planes para una “nueva Gaza”. Según lo expuesto, en un plazo de tres años el devastado territorio palestino sería transformado en un lujoso complejo de rascacielos junto al mar. “Dije, mira esta ubicación junto al mar. Mira esta hermosa propiedad. Lo que podría significar para tanta gente”, afirmó Trump durante el Foro Económico Mundial, destacando su experiencia en el sector inmobiliario.
En el ámbito de la guerra en Ucrania, Trump se reunió en Davos con el presidente ucraniano Volodimir Zelenski. Este último anunció haber alcanzado un acuerdo con el mandatario estadounidense sobre las garantías de seguridad de Estados Unidos en una eventual posguerra. Zelenski calificó el apoyo de Trump como “indispensable” y describió a Europa como un territorio “fragmentado” que parece “perdida intentando convencer al presidente estadounidense de que cambie”.
Desde Moscú, el Kremlin informó de la convocatoria de una reunión “trilateral” con estadounidenses y ucranianos sobre “seguridad”, prevista para este viernes en Emiratos Árabes Unidos, tras un encuentro en la capital rusa entre el presidente Vladimir Putin y el emisario de Trump, Steve Witkoff. Este anuncio se inscribe en los movimientos diplomáticos paralelos al lanzamiento de la Junta de Paz y a las negociaciones sobre el futuro de la guerra en Ucrania.
La presencia de Trump en Davos también estuvo marcada por un giro en su política hacia Groenlandia. Tras semanas de amenazas, el presidente estadounidense anunció el miércoles que ya no impondrá aranceles a sus socios europeos y descartó una acción militar para controlar la isla danesa en el Ártico. Según explicó, alcanzó un “marco para un futuro acuerdo” después de reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
Sin embargo, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, declaró el jueves desconocer el contenido de ese pacto y recalcó que “nadie más que Groenlandia y Dinamarca está facultado para concluir acuerdos sobre la isla”. Rutte había señalado horas antes que el acuerdo busca “garantizar que los chinos y los rusos no tengan acceso a la economía de Groenlandia”, ni desde el punto de vista económico ni militar.
La puesta en marcha de la Junta de Paz se produce en un contexto de frustración de Trump por no haber recibido el premio Nobel de la Paz, que fue otorgado a la líder opositora venezolana María Corina Machado. El conjunto de anuncios, reuniones y giros de postura en Davos consolidó al presidente estadounidense como el principal protagonista de la cita en la localidad suiza, que abandonó el jueves por la tarde.
EFE
