La propuesta surge en un contexto decisivo, buscando superar la falta de continuidad en la planificación histórica del país.
Analistas han planteado la necesidad de establecer una planificación estratégica duradera para Venezuela en el siglo XXI, en el marco de la coyuntura actual surgida a partir de los sucesos del 3 de enero. La iniciativa busca construir una visión compartida de país que trascienda los periodos gubernamentales y conecte recursos, talento e instituciones bajo un mismo horizonte temporal.
La historia contemporánea de Venezuela ha sido caracterizada por una sucesión de planes que, a menudo, carecieron de continuidad, reduciendo la planificación a un ejercicio administrativo. La visión propuesta enfatiza la importancia de imaginar el país a veinte o treinta años y tomar decisiones coherentes con ese destino, sentando bases para una estrategia nacional.
Se sugiere que la claridad estratégica y la continuidad en la ejecución son fundamentales para el éxito, citando casos como Corea del Sur y Singapur. Estos países, que en décadas pasadas tenían niveles de ingreso comparables con naciones latinoamericanas, lograron un desarrollo significativo mediante planes coordinados y una visión de largo plazo.
Entre los sectores identificados como motores sostenibles para el desarrollo se encuentra el agroalimentario. A pesar de su diversidad climática y amplias extensiones de tierra cultivable, Venezuela ha dependido crecientemente de importaciones. Se propone una estrategia a largo plazo, sostenible e integrada a cadenas de valor modernas, para convertir este sector en un pilar estratégico, siguiendo modelos como el de Brasil, que transformó su agricultura mediante inversión en investigación aplicada, y Colombia, que consolidó su agroindustria con logística exportadora eficiente.
Asimismo, el sector turístico es señalado como un potencial pilar económico. La diversidad natural de Venezuela, desde el Caribe hasta los Andes y la Amazonía, podría generar divisas y empleo. Para ello, se requiere planificación estratégica, promoción internacional sostenida, infraestructura adecuada, conectividad aérea, formación técnica en servicios y reglas claras para la inversión, recuperando el potencial de un destino que en el pasado fue descrito como «el secreto mejor guardado del Caribe».
La planificación a largo plazo, que implica definir prioridades y sostenerlas durante décadas, es presentada como una decisión política y cultural. La propuesta subraya que lo que se «siembre» hoy en sectores clave determinará lo que se «coseche» en las próximas dos décadas, con el objetivo de acumular capacidades y generar confianza.
El Nacional.-
