Estudio vincula deforestación amazónica con resurgimiento de Malaria en Sudamérica

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Publicada: febrero 28, 2026

Cambios en el uso del suelo favorecen la proliferación de mosquitos vectores, según nueva investigación.

Un nuevo estudio, publicado en Annual Review of Entomology, ha establecido una conexión entre los cambios en el uso del suelo, específicamente la deforestación en la Amazonía, y el resurgimiento y la emergencia de la malaria en Sudamérica. La investigación, liderada por la doctora María Eugenia Grillet, Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (Acfiman) e investigadora del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV), destaca cómo este fenómeno impacta a países como Brasil, Venezuela, Colombia, Guyana y Perú.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que, durante el 2024, la malaria causó 282 millones de casos y 610 mil muertes en 80 países, siendo África la región más afectada. En Sudamérica, el 88% de los casos de malaria en 2023 se originaron en Brasil (30%), Venezuela (25%), Colombia (22%), Guyana (6%) y Perú (5%). La Amazonía, que abarca el 40% del continente sudamericano, perdió el 9% de su superficie forestal (54,5 millones de hectáreas) entre 2000 y 2020, según la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada.

La doctora Grillet advirtió que «todos los eventos epidémicos de malaria en la región amazónica durante los últimos cincuenta años han estado precedidos de un evento ambiental de perturbación del bosque: la deforestación de ecosistemas naturales». La deforestación, definida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como la conversión del bosque a otros usos de la tierra, se atribuye principalmente a actividades de extracción (minería, gas natural, petróleo crudo, cosecha de madera), producción agrícola y ganadera, y proyectos de infraestructura de alto impacto como carreteras y represas.

La investigación detalla que la reducción significativa de la cobertura forestal a largo plazo debido a la deforestación puede generar fragmentación del hábitat y la proliferación de «bordes» o ecotonos. Estos entornos crean condiciones propicias para ciertas especies de mosquitos, que descansan en la vegetación con mayor humedad tras alimentarse de sangre y ponen huevos en hábitats acuáticos cercanos, donde las aguas son más cálidas y adecuadas que las del interior del bosque, facilitando su dispersión y movimiento.

La evidencia recopilada en Brasil, Perú y Venezuela demuestra que en estos bosques parcialmente degradados, donde la fragmentación es intermedia, se promueve la aparición de nuevas especies de mosquitos potenciales vectores de Plasmodium, se incrementa el número de especies de mosquitos vectores que antes eran raras o poco abundantes, y se favorece la persistencia y abundancia de especies de mosquitos vectores ya conocidos. Un patrón similar se ha observado en la Mata Atlántica brasileña, donde más del 90% ha sido deforestada y donde Kertezia cruzii ha sido identificado como un vector clave.

En 2025, Acfiman, a través de su Programa Amazonía Venezolana, inició un proyecto coordinado por la doctora Grillet para evaluar el impacto de la minería y la deforestación en el surgimiento de nuevas especies vectoras de patógenos. Su equipo de investigación ha confirmado un aumento del 0,7% en la incidencia anual de malaria en Venezuela durante el período 2007-2017, asociado a la pérdida de 305 hectáreas de cobertura arbórea anual, lo que coincide con la gran epidemia de malaria en el país entre 2017 y 2019.

Las autoras del estudio enfatizan la necesidad de un enfoque denominado «Una Salud», que integre la conservación del ambiente, la ecología de vectores y la salud pública para una eliminación efectiva de la malaria. La doctora Grillet concluye que «un bosque sano (sin perturbar) tendrá menos malaria que un bosque perturbado». La malaria, causada por un parásito, no es contagiosa de persona a persona, siendo transmitida principalmente por la picadura de mosquitos, aunque también puede propagarse por transfusiones de sangre y agujas contaminadas.

El Nacional.-

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