Líderes del movimiento estudiantil de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Simón Bolívar (USB) y la Universidad de Los Andes (ULA) reiteraron sus exigencias de liberación de los presos políticos y reinstitucionalización del país como condiciones elementales para avanzar hacia una verdadera transición política, en el contexto abierto tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores y el control que ejerce Estados Unidos sobre el régimen ahora encabezado por Delcy Rodríguez.
Tras estos hechos, ocurridos hace poco más de un mes, el movimiento estudiantil venezolano regresó a la primera línea de la protesta, según relataron sus dirigentes, quienes señalan que, aunque el miedo persiste, perciben una apertura que ha permitido recuperar espacios de movilización y retomar las exigencias de cambio político en un contexto que describen como marcado por una estructura represiva y totalitaria.
Miguelángel Suárez, presidente de la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la UCV, afirmó que los estudiantes no volverán a callar por miedo y que seguirán luchando por la libertad. Aseguró que, a partir del 3 de enero, se abrió una oportunidad para recuperar el espacio público y hacer activismo, poniendo a prueba los límites de la represión. “Hoy por hoy somos coherentes con nuestro accionar y en representar lo que nos caracteriza, que es la lucha por los valores democráticos, por la libertad, por el debate de las ideas y la pluralidad”, señaló, al tiempo que subrayó la necesidad de garantizar la aplicación efectiva de la Ley de Amnistía propuesta por la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
Mario López, presidente de la FCU-ULA, recordó que el movimiento estudiantil ha sido históricamente un referente de lucha en Venezuela, no solo por sus reivindicaciones propias, sino también por la defensa de los derechos de los ciudadanos. Explicó que, después de mucho tiempo, han dado pasos para vencer el miedo y alzar la voz por “quienes siguen diferentes por pensar diferente”. En su balance, destacó que, desde la llegada del chavismo al poder, se restringieron los espacios de participación, se redujo la autonomía universitaria y se pulverizaron las libertades de expresión y protesta.
En los últimos 12 años, el protagonismo juvenil en las protestas contra el chavismo fue especialmente visible en las manifestaciones de 2014 y 2017, cuando millones de venezolanos salieron a las calles en medio de una crisis humanitaria y se enfrentaron a una represión que dejó centenares de muertos, miles de heridos y numerosos presos políticos. Desde entonces, la rearticulación del movimiento estudiantil había sido casi imposible. “No podemos negar que el año pasado teníamos mucha frustración, sensación de que esto no iba a cambiar de alguna manera. Nos habían robado la esperanza. Lo que pasó a partir de enero derrumbó la idea de que el país estaba congelado para siempre y quedó claro que sí pueden pasar cosas en muy poco tiempo”, declaró López.
El dirigente de la ULA indicó que, en esta nueva etapa, la situación de los presos políticos se ha convertido en un tema central, porque consideran que no se puede hablar de reinstitucionalización, democratización o transición mientras haya venezolanos detenidos por sus ideas. “Ahí el movimiento estudiantil dio un paso al frente: acompañando vigilias, marchando con los familiares, poniendo rostros donde antes solo había cifras”, apuntó.
Por su parte, Wilmary Venal, presidenta de la Federación de Centros de Estudiantes de la USB, afirmó que actualmente observan una pequeña oportunidad de protesta debido a lo que califica como un cese táctico en la represión. Señaló que, desde el anuncio de excarcelaciones realizado por el régimen el 8 de enero, no se han registrado detenciones arbitrarias masivas. “No interpretamos esto como un regalo, sino como una señal para avanzar. Es el momento estratégico para que el movimiento estudiantil alce la voz con más fuerza que nunca y presione para convertir esta pausa en una transición real y definitiva hacia la democracia”, expresó.
Venal sostuvo que Venezuela debe iniciar una transición hacia la democracia y avanzar hacia la reconciliación nacional, pero advirtió que se requieren garantías plenas y la liberación inmediata de los presos políticos para que cualquier proceso sea creíble. Para la dirigente estudiantil, ese constituye un punto de partida innegociable.
En este contexto, los estudiantes universitarios han acompañado activamente a los familiares de presos políticos que instalaron campamentos y realizaron vigilias frente a centros de detención, especialmente en El Rodeo I y en la Zona 7 de la Policía Nacional Bolivariana. Suárez rememoró estos episodios: “El cansancio de esas madres después de tantos días en vigilia y pernoctando a las afueras de la reclusión es bastante. Y es el mismo cansancio que sentíamos porque mentalmente es difícil ver a tantas madres de personas inocentes llorando, que solo añoraban tener a sus hijos en casa. Pudo haber sido uno de nuestros familiares el que se encontraba en esa situación, por eso nos solidarizamos y damos apoyo moral y logístico”.
Venal complementó esta visión al afirmar: “Esto es un tema de solidaridad y deber moral. Si esas madres, esposas y familiares tienen la valentía de estar paradas día y noche frente a los centros de reclusión exigiendo justicia, nosotros no tenemos derecho a dejarlas solas. Nuestro deber es armarnos de valor y estar allí, hombro con hombro, para que sientan el respaldo de la juventud venezolana”.
En paralelo, el movimiento estudiantil ha intensificado sus acciones dentro de los campus. En la UCV, Suárez encaró recientemente a Delcy Rodríguez y le exigió públicamente la liberación de los presos políticos, en un hecho que describió como un momento de alta tensión. “Fue un momento de muchísima tensión porque era encarar directamente al poder, y en el contexto venezolano no es nada fácil. Nos parecía incoherente que Delcy Rodríguez se paseara por la UCV cuando los servicios estudiantiles están colapsados y cuando hasta ese momento seguían privados de libertad cuatro ucevistas. Por eso tomamos la determinación de encararla”, relató.
El dirigente estudiantil reconoció que, tras el incidente, sintió temor por sus compañeros. “Yo tuve la vocería, pero más de 25 estudiantes me acompañaron a hacer este reclamo y a encarar ‘de tú a tú’ al poder que tiene la responsabilidad de dirigir al país hacia una transición que represente los intereses y la voluntad de la mayoría de los venezolanos expresada de todas las formas posibles”, añadió.
Bajo la presión del presidente estadounidense Donald Trump, el régimen ha avanzado en medidas que los estudiantes consideran positivas pero insuficientes, como la excarcelación de cientos de presos políticos, el cierre de El Helicoide como centro de reclusión y la aprobación de una Ley de Amnistía. Sin embargo, insisten en que estos pasos no sustituyen la necesidad de una transición que incluya garantías, justicia y restitución plena de derechos.
Venal, de 20 años y estudiante de Comercio Exterior, admitió que el miedo sigue presente, pero aseguró que muchos jóvenes han aprendido a transformarlo en acción. Explicó que les aterra más la idea de abandonar el país que el riesgo de luchar por recuperarlo. En esta fase, enfatizó, es prioritario que los estudiantes participen en las mesas de diálogo y no se limiten a ser espectadores de su propio futuro. “Urge la reconstrucción de nuestras universidades. La recuperación de Venezuela pasa obligatoriamente por la recuperación de la academia”, afirmó.
López destacó que, pese a que existen universitarios presos, exiliados y familias hostigadas, no pueden “quedarse de brazos cruzados”. Reconoció que las acciones lideradas en Caracas por Miguelángel Suárez y Rosa Cucunuba, vicepresidenta de la FCU-UCV, han servido de motivación y ejemplo para estudiantes de todo el país. El dirigente insistió en la necesidad de asumir el nuevo protagonismo sin buscar figuras heroicas: “Este nuevo protagonismo no debemos vivirlo como héroes ni como mártires. Lo debemos vivir como lo que somos: chamos que estudian, trabajan, hacen colas para el bus y, al mismo tiempo, sienten que no pueden normalizar lo inaceptable. Esto mucha gente no lo entiende, a veces nos critican por trabajar, por resolvernos la vida, pero también hay que aceptar las críticas. Esa es la democracia”.
López planteó además que “hay que aprender a caminar con ese miedo en colectivo: organizándonos mejor, documentando abusos, hablando con medios, apoyándonos entre universidades. No se trata de ser valientes todo el tiempo, se trata de no abandonar el rol que le toca a nuestra generación”.
Desde la USB, Venal advirtió que el movimiento estudiantil no aceptará prácticas de sectarismo ni idolatría política, ni que se repita el error de subordinar las necesidades del país a la ideología de un partido. “Basta de endiosar partidos o líderes, Venezuela necesita instituciones, no cultos a la personalidad”, sostuvo. En la misma línea, Suárez precisó que no participarán en procesos que, a su juicio, dilaten la restitución de las garantías constitucionales. Aseguró que, si tuviera que negociar por la liberación de todos los presos políticos, lo haría sin dudarlo: “Porque la libertad es un valor fundamental de la dignidad humana y es preciso hacer todos los esfuerzos por lograrla”.
El presidente de la FCU-UCV insistió en que están “dispuestos a sentarnos donde tengamos que sentarnos a dar esta discusión, pero que se respete a la juventud como un actor real y no como una instrumentalización de discurso de una clase política que, sinceramente, ya está vencido”.
El 12 de febrero, Día de la Juventud en Venezuela, los estudiantes tienen previsto dirigir un mensaje al país en el que expondrán, junto con diversos sectores de la sociedad, sus exigencias en materia de libertad y la situación que viven los jóvenes venezolanos. En este contexto, López enumeró tres objetivos prioritarios: “Justicia y libertad plena para los presos políticos, recuperar instituciones con controles reales y devolverle su lugar a la universidad y a la juventud en las decisiones del país”.
El dirigente de la ULA afirmó que no aceptarán una transición que se limite a un “cambio de caras” sin modificar la lógica de control autoritario. “No vamos a permitir una transición que sea solo cambio de caras, pero que mantenga la lógica de control autoritario. Eso no sería lo que espera el país. Tampoco que se use la bandera de la democracia para pactar impunidad sin verdad ni reconocimiento a las víctimas, y tampoco aceptaremos que la universidad siga intervenida, sin voz, mientras otros deciden por nosotros”, indicó.
La presidenta de la FCE-USB, que al igual que Suárez y López nació y creció bajo el régimen chavista-madurista, afirmó que se niega a morir bajo el mismo sistema o a ver a las futuras generaciones sometidas a las mismas restricciones. “El miedo no puede ser más grande que nuestro amor por Venezuela. A los que aún dudan, les digo: yo hoy doy la cara, y lo hago con miedo, pero lo hago porque queremos que nuestra valentía sirva de inspiración. Si los estudiantes estamos dispuestos a luchar por ver a Venezuela florecer, la sociedad civil y los políticos también pueden y deben dar ese paso al frente”, expresó.
Suárez, por su parte, señaló que, a su juicio, el principal capital del chavismo es el miedo, y sostuvo que la tarea de los venezolanos consiste en mantener una protesta activa en defensa de los derechos civiles y políticos. “El trabajo que queda es arduo y tenemos que ser garantes de que esta transición sea hacia la democracia. Por eso, desde el movimiento estudiantil nos van a encontrar movilizados, articulados y organizados en este proceso político hasta que el país se redemocratizarse y reinstitucionalizarse“, afirmó.
En sus mensajes, los dirigentes estudiantiles también dirigieron llamados específicos a los actores políticos. López instó a quienes detentan el poder a manejar la situación con seriedad y recordó que, pese a hablarse de amnistía, cierre de centros de tortura y transición, todavía hay familias que desconocen el paradero de sus hijos, estudiantes detenidos y episodios de represión selectiva. A la dirigencia opositora le advirtió que el costo de la democracia no debe recaer exclusivamente en los estudiantes, que —aseguró— están dispuestos a seguir en la primera línea de lucha. “Tenemos que retomar espacios, unificarnos en lo esencial y dejar de lado las peleas absurdas“, señaló.
Suárez alertó sobre lo que considera uno de los peores escenarios posibles: la normalización o afinidad hacia actores pertenecientes al mismo sistema político. “Uno de los peores escenarios que podríamos tener es aquel en donde la gente desarrolle una especie de síndrome de Estocolmo con estas personas que realmente representan un mismo sistema. Tenemos que garantizar que se respete la voluntad de los venezolanos, y es una voluntad que no representa ni quiere a un sistema que colapsó hace muchísimo tiempo”, afirmó. Aclaró que su planteamiento no busca excluir a estas figuras de la vida pública, sino propiciar condiciones para una verdadera apertura política, sin criminalización de partidos y con competencia democrática por los cargos de elección popular.
López sostuvo que no se debe reprochar a ningún sector de la sociedad por sentir miedo, dado que cada grupo ha vivido la crisis de manera distinta y no todos pueden asumir el mismo nivel de exposición. No obstante, consideró que este es un momento en el que gremios, organizaciones, medios y actores políticos pueden hacer un mayor esfuerzo en favor de la verdad, la libertad de los presos políticos y una salida democrática. Señaló que no todos están obligados a participar en marchas, pero sí pueden alzar la voz, acompañar a las víctimas y expresar con claridad el país que desean. En su evaluación, el movimiento estudiantil ha logrado organizarse y sostener una agenda centrada en derechos y democracia, y su impacto podría ser mayor si otros sectores se involucran con más determinación.
“Cuando miremos atrás, cada quien tendrá que poder responderse con honestidad qué hizo mientras todo esto pasaba”, concluyó López.
El Nacional
