Un creciente cuerpo de evidencia científica está reforzando una hipótesis que durante décadas fue objeto de debate: el uso de Aspirina podría reducir el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer e incluso frenar su propagación en el organismo.
Investigaciones recientes, basadas en ensayos clínicos y estudios de largo seguimiento, han comenzado a explicar los mecanismos detrás de este efecto, abriendo nuevas perspectivas en la prevención oncológica.
Uno de los avances más significativos proviene de estudios en pacientes con Síndrome de Lynch, una condición genética que eleva considerablemente el riesgo de cáncer colorrectal.
El profesor John Burn, de la Universidad de Newcastle, lideró un ensayo con 861 pacientes que demostró que quienes tomaron aspirina durante al menos dos años redujeron hasta en un 50% la probabilidad de desarrollar cáncer intestinal tras una década de seguimiento.
Casos como el de pacientes en observación durante más de diez años sin desarrollar la enfermedad han reforzado el interés médico en este enfoque preventivo.
Los científicos están comenzando a entender por qué este fármaco, conocido por su uso contra el dolor y enfermedades cardiovasculares, podría tener efectos anticancerígenos.
Por un lado, la aspirina inhibe enzimas como la COX-2, relacionadas con la inflamación y el crecimiento celular descontrolado. Por otro, investigaciones lideradas por Rahul Roychoudhuri sugieren que también podría actuar sobre el sistema inmunitario, facilitando que las células defensivas detecten y eliminen células tumorales.
Además, su capacidad para reducir la formación de coágulos —al inhibir sustancias como el tromboxano— podría dificultar la metástasis, uno de los procesos más letales del cáncer.
Los hallazgos ya están teniendo efectos concretos en políticas sanitarias. En el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, por ejemplo, se recomienda el uso de dosis bajas de aspirina en personas con alto riesgo genético, siempre bajo supervisión médica.
Asimismo, países como Suecia han comenzado a aplicar protocolos que combinan pruebas genéticas con la administración de aspirina en pacientes con cáncer colorrectal.
Pese a los resultados prometedores, los expertos insisten en la cautela. El uso de aspirina no está exento de riesgos, incluyendo hemorragias, úlceras y complicaciones gastrointestinales.
Por ello, su uso preventivo no está recomendado para la población general, sino para grupos específicos bajo estricta supervisión médica.
“Una cosa es tratar a pacientes de alto riesgo y otra muy distinta es administrar aspirina a personas sanas”, advierten especialistas.
Actualmente, ensayos internacionales con miles de participantes buscan confirmar si estos beneficios pueden extenderse a otros tipos de cáncer, como el de mama, próstata y gastroesofágico.
Los resultados podrían redefinir el papel de uno de los medicamentos más antiguos de la historia en la medicina moderna.
Espiga Noticias.-
